miércoles, 8 de diciembre de 2010

No hay título posible para ti.


No puedo, ni quiero, acostarme hoy sin decirlo por fin. ¿El qué?, diréis. "No lo sé", contestaré.

Me dispongo, junto a mi sopa-inglesa-triste-de-sobre, sacarlo, sea lo que sea que quiero sacar. Y que sea, ante todo, lo que Dios quiera.

Al nacer nadie nos avisa. Aunque en cierto modo creo que lo de la palmadita en el culo es una señal. Sufrimos. Mucho. Y no digo que ésa sea nuestra finalidad en la vida, pero sí que es el pan de cada día durante nuestro camino. No llegar a fin de mes, un corazón roto, la primera caída al ir en bici, olvidarte algo del súper justo cuando te acabas de poner el pijama, esa uña mal limada que te acabas por morder...

Se nos hace creer que nuestra vida puede ser una película, que podemos vivir del aire, que podemos ser perfectos y que el amor puede ser eterno. Nada de eso acaba siendo totalmente verdad. Y perdón si ahora he abierto algún ojo ciego.

Quizás me repito, siempre amor para aquí amor para allá, pero mi mundo lo mueve él, así que callad y apechugad.

Nadie te va a regalar una flor cada día de tu vida, ni te hará el desayuno todas las mañanas. Al despertarte, te pongas como te pongas, estarás fea. Nunca encontrarás el trabajo con el que siempre has soñado, ése en el que sólo te paseas oficina arriba oficina abajo con modelitos divinos, zapatos de tacones imposibles y café para llevar. Tus padres, por mucho que te empeñes, no te apoyarán en la mayoría de tus decisiones (decisiones que muchas veces, muy a tu pesar, serán erróneas). Tus hijos (si tienes) no serán adorables cada hora del día, cada día del año. A veces (sintiéndote mala madre, por supuesto), desearás tener un mando para apagarlos. Siempre, SIEMPRE, dejarás perder ésa ocasión que nunca volverá, y toda tu vida te preguntarás (si es que tienes tiempo para pensar) "¿qué habría pasado si...?".

Y lo pinto feo, lo sé. Y no, no es efecto secundario de una sopa-inglesa-triste-de-sobre posiblemente caducada. La vida no es perfecta. MI vida no es perfecta. Y jamás lo será. Y eso me consuela.

Sé que me pelearé por muchos años más con mi padre, que odiaré muchas veces a mi hermana mayor. Sé que iré a muchos espectáculos y al final lloraré sin que nadie me vea porque esos aplausos jamás serán para mí. Sé que pasaré noches en vela porque la culpabilidad de una mala obra me corroerá por dentro. Sé que me dolerán muchísimos recuerdos, y que no podré volver jamás atrás cuando me arrepienta de algo. Sé que no hay príncipe azul, ni ranas bajo hechizo.


[...]


Sé que no ets perfecte per a mi i que jo no sóc perfecta per a tu. Que a vegades t'odio, i que tu m'odies a mi. Sé que molts cops espero coses de tu que no arriben, que tu esperes coses de mi que tampoc. Que sóc molt difícil, i que la major part de les vegades no entens el que sento, ni jo el que sents tu. Sé que a vegades et faig sentir malament sense raó...


[...]


Pero también sé, de corazón, que hay alguien que me quiere (al que yo, por supuesto, también quiero), que es capaz de coger el coche a media noche y hacer kilómetros para abrazarme porque sabe que le necesito, que llora cuando me ve llorar, que me abraza cuando tengo miedo, que se queda a mi lado callado cuando los nervios se me comen el alma, que me hace daño (a veces no sabe cuánto), pero se arrepiente; que me hace flores con globos y me mira cada mañana como si fuera la cosa más bonita que ha visto jamás.


[...]


Pot ser aquest amor no és el més passional que he sentit mai, però sí el més constant. Perquè, malgrat moltes coses, em sento bé al teu costat, sento tranquil·litat. Perquè quan em toques, sigui amb la mà, amb els braços o amb un dit, em sento segura i forta. Perquè amb tu, sóc absolutament jo. I no em fa por.


[...]


Quizás mi vida, y ese amor que siento, no serán nunca perfectos. Y eso me tranquiliza. ¿Por qué? Porque eso es lo que los hace reales.



Intentando la locura de abrir mi alma y mi corazón de nuevo, con mucho gusto (y ya sin sopa), me despido hasta la próxima.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Pienso lo que escribo. Olvido lo que pienso.

Maldigo la rutina de inspirarme cuando delante no hay papel. Me tumbo en la cama, bajo el nórdico traicionero, derrotada por otro día de veintimuchas horas, y "pum", mi cerebro empieza a enlazar palabras seguidas con algo de sentido del arte para después acabar exigiéndome que me levante y las escriba. Entra en juego justo ahí la batalla casi moral de arriesgar mi vida para salir de la cama (a la que tantas horas me ha costado llegar), buscar un papel (en sucio, siempre) y sacar a la luz lo que el Sr. Seso ha conseguido. Total, ¿para qué? Para seis míseras líneas que a nadie le van a importar.
Sí. Quiero volver a escribir sobre el amor, sobre la pena. Quiero volver a hacer reír y llorar. Quiero poder sentarme con tiempo frente a la pantallita brillante y apretar cada tecla con letras conseguiendo sin darme cuenta una redacción de los sentimientos abstractos (y comunes a su vez) que pasan por mi interior.
Pero sobre todo, SOBRE TODO, quiero una tregua (larga) con mi inspiración y su inoportunidad.
Acabaré por escribirme en un post-it: "Perdona si no me levanto".

miércoles, 8 de septiembre de 2010

No es un "adiós". Es un "hasta luego"


Quería que os llevárais algo para el camino nuevo que acabáis de empezar, y creo que unas pocas palabras de las mías es un buen qué, ya que al menos no ocupan mucho y no pagaréis más sobrepeso del que yo ya me sé.
Aún no me acabo de creer que, después de cuatro años, haya llegado este 8 de setiembre. Llevaba mucho tiempo preparándome, pero creo que no he sido efectiva, pues ya os echo de menos.
Y sé que sueno y sonaré triste, pero os prometo que me alegro muchísmo por vosotras, y admiro vuestra fuerza y vuestro valor. Sé que ése es, al menos por ahora, vuestro destino, y que lucharéis por abriros un lugar en él. Y sé que sabéis que siempre os estaremos esperando con los brazos abiertos no, lo siguiente, cada vez que volváis.
Tened paciencia, buscad bien, dejaros llevar, sentid la ciudad, memorizad las buenas experiencias que vais a vivir... Y luego, venid volando y contadnos qué tal todo con la ilusión y la alegría con las que ya nos explicábais los preparativos de este viaje que os esperaba.
Desde aquí, Barcelona-La Bisbal, os mando todo mi apoyo y todo mi amor, y os deseo todo lo bueno para esto que acabáis de empezar, y que estoy segura que será una de las aventuras más mágicas y maravillosas de vuestras vidas.
Suerte, queridas, ¡y al toro!

jueves, 12 de agosto de 2010

Se busca.

Estoy perdida. Y ya hace tiempo que no me avergüenzo de reconocerlo, aunque me duela estarlo (que una cosa no quita a la otra). Me perdí en no sé qué parte del camino y no me encuentro. Ando, sin más, dando pasos con la fuerza que cojo de las pequeñas cosas que me mueven. Siento y padezco, tengo hambre y sueño, río y lloro y toda esa pesca, pero... no puedo mirar al futuro. Sé qué quiero (más o menos) pero no sé cómo llegar a ello, o no veo de dónde sacar las fuerzas, ni las herramientas necesarias.

Y dicen que cuando eres marinero a la deriva (como lo soy yo ahora), va bien tener un amor en cada puerto. No sé si es del todo cierto o no (no practico esa doctrina), pero sí sé que estos amores portuarios no pasan desapercibidos. Marcan, no se olvidan, e incluso, casi curan.

Afortunadamente, por uno de esos puertos que pasé, a un marinero en tierra encontré. Sentir que alguien te quiere, aunque no te lo diga, con simples detalles tan ocultos a ojos de lo demás que todavía los hace más importantes, aporta una sensación que no sé describir. Que cierre la ventana del coche cuando ve que tienes frío, que te coja fuerte y te susurre "traquila" cuando empieza a sonar una tormenta, que te compre tu bolsa de patatas favorita y te la deje encima de la cama cuando has tenido un mal día, que te compre una flor y la ponga en el coche de tal manera que al abrir tu puerta te caiga sobre las manos, que te mire al despertarse como si nunca antes hubiera visto algo mejor...


No obstante, hay personas que aún y estar así, han decidido quedarse a mi lado, y no saben hasta que punto les agradezco su compañía y su apoyo.














Se busca. Me busco... Recompensa: un millón$ de gracias.

miércoles, 11 de agosto de 2010

3:30


Vuelven a ser las tres y media de la madrugada y vuelvo a no entender cómo ha podido la noche correr tanto otra vez. El tiempo siempre pasa más rápido cuando estás siendo feliz, y ya se sabe: lo bueno, si breve, dos veces bueno. Aunque nunca he acabado de creerlo así.


No me esperaba para nada la experiencia que he vivido este julio pasado y no encuentro palabras para definirlo con justicia. Quizás... mágico, increíble, difícil, divertido, esperado, distinto, ¿perfecto? Nada lo es del todo, lo sé, pero reconozco que he tenido momentos en los que he pensado: "Por favor, Señor Cronos, párate en este instante durante un tiempo, porque es perfecto". Gran parte de la culpa la han tenido esas malditas tres treintas de la madrugada. Dios sabe porqué...


Aunque los niños... Los niños han puesto una guinda genial al pastel de lo que ha sido mi trabajo hasta ahora. Nunca imaginé vivir algo así con personitas a las que no conocía de nada, con las que tan solo he vivido unos días. Duermes con ellos, comes con ellos, juegas con ellos... Incluso lloras con ellos. Les das charlas morales (que no broncas, cuidado), les aconsejas, les escuchas. Les despiertas por las mañanas, les curas cuando tienen dolor. Son como tus hijitos, tu familia.


He pasado cerca de 30 días que no esperaba pasar, con sus más y con sus menos, con momentos de pena profunda y momentos de fabulosa felicidad. He reído, llorado, bostezado por dormir tantas pocas horas (¡ai, las dichosas 3:30...!). He soñado con salir de ahí y con volver para revivirlo. He querido echar a correr, he querido poder haber dicho y hecho más. He deseado rebobinar hacia adelante y rebobinar hacia atrás... He soñado con tener una última noche que no tuve, y decir las cosas que no sé si quería decir.


Vivir un mes así, por peliculero y romanticón que suene, por exagerado y poco creíble, te marca un trozo de tu interior. Yo, como siempre, me quedo con lo bueno "de tot plegat"...


[Juliol de 2010. Multiactivitats al Pou del Glaç. Bernat de Mogoda, individuals d'anglès, Purificación i Zurich. Gràcies.]

viernes, 23 de julio de 2010

jueves, 25 de febrero de 2010

“Benvinguts al Comtat del Pou del Glaç. El rei Artur us vol parlar.”


Hay experiencias en la vida que tienen como inicio la casualidad (¿Casualidad? ¡Nunca!) de un comentario desanimado a una persona X y acaban por marcar un todo en tu corazón que no se quita ni con aguarrás. Así empezó esta historia de pous de glaç, carcajadas de niños, descubrimientos de vecinas encantadoras y litronas de Xibeca de madrugada.
Cuando llevas un tiempo sintiéndote más perdido que un hijo de puta en el día del padre (Veci, gràcies per aquesta gran frase! I per moltes coses més, està clar) y además estás en el paro (sin vistas a que la situación mejore), llega un punto en que ya no sabes a quién suplicar un “algo” que hacer (aunque sea de gratis y por amor al arte). Ése era mi caso, señoras y señores, y por poco no salgo viva esta vez.
Después de deambular por la mayoría de hoteles de mi ciudad, agencias de azafatas, tiendas de ropa, velas y bolsos y otros negocios varios que tampoco me pondré a mentar, en busca de algún contrato, por basura que fuera, para poder subsistir en este mundo capitalista (de mierda) de facturas de móvil, ropa de temporada y cafés [barra] cervezas en el bar de la esquina, quedé un jueves por la mañana al más puro estilo de Los lunes al sol (gracias Fernando León) con mi rebelde, desaliñado y no por eso menos querido amigo Pol (al que amo profundamente, he de decir). ¿Quién me iba a decir que sería él el que me salvaría de un final trágico de sumisión a la locura total? Pensad que yo vivía con dos padres jubilados y estaba en el más profundo de los paros (a parte de todas las problemáticas varias que hay en mi destaratada vida, claro está). Pero sí, él y su siempre presente voluntad de echar un cable fueron los que me llevaron a una ofina de la Avenida Madrid para, posteriormente, acabar en una casa de colonias dejada de la mano de Dios en la Sierra de los Perdidos (no podía haber ido a parar a un lugar más acertado, ¿a que no?).
Y entonces empezó lo bueno. Horas y horas, y horas (y más horas) de niños arriba y abajo, de perímetros de seguridad para rocódromos, puentes colgantes y tirolinas, de “como no calléis, paro la actividad”, de flechas que van a parar al campo de futbol por culpa de punterías novatas, de cascos, de arneses, de quads que no arrancan (“Profeeee!! El quad no va!! Truca al Jordi!”. “Jordi… estooo… quan puguis vine, que els quads m’han declarat la guerra… Ho sentoooo!” “Jajajajaja! Tranquil·la, ara vinc!” y así, sucedánea(sucesiva)mente), de los macarrones de Glòria con queso rayado y gelatina roja en vasos de plástico, de talleres de torno, azujelos y barro, de excursiones por la tarde, casco en mano, con las btt (“Daviiiid!!! Rooodaaa!!” “Daviiiid!! Cadeeenaaaa!” “Noooissss! Cooootxeeee!” “Tractooooor!!”) y de miles de experiencias que no dejan a nadie indiferente (para bien o para mal). Son solo tres días al fin y al cabo, pero da penita cuando llega el final y, ya des del autocar, se amorran al cristal y te dicen adiós (¡algunos con lágrimas en los ojos y todo!) antes de que el motor ruja en señal de partida, y de hecho, se les echa de menos cuando no están. La casa se torna triste de tan vacía.
Llevo poco tiempo sí (muy poco comparándome con el resto de compañeros), pero si os explico de una forma más personal lo que siento cuando estoy allí, debo confesaros una cosa. He llegado a tal nivel de ilusión que, de una forma particular (y completamente mía), voy sacando mis famosos “puntos de felicidad” de gestos y cosas que jamás pensé que me harían conseguir nada. Ya no solo soy feliz al levantarme y pensar que gano dinero (poderoso caballero es Don Dinero… you know) haciendo una cosa que me gusta (todos sabemos lo difícil que se ha puesto esto hoy en día), si no que he aprendido a encontrar felicidad en la primera imagen de mis mañanas (imagen que a algunos les haría entrar pánico): la marabunta (entendiendo “marabunta” como el “movimiento masivo de hormigas [niños] voraces que devoran a su paso todo lo comestible [o no] que encuentran”, y no como la “aglomeración de gente que produce mucho jaleo o ruido”) de niños con cara de locos que a las ocho o’clock (hora en que yo, y más de uno, aún no soy capaz de articular palabra) van corriendo a desayunar con una sonrisa de punta a punta del rostro para empezar cuanto antes la actividad que les toque, en la afonía-vozdeManolo fruto de los gritos continuos que tengo que pegar, en los encontronazos con "arañitas", bichos voladores peludos y ruidosos, ratoncillos de pastelería y de más insectos y derivados característicos de las casas de montaña, en el olor a polvo viejo de las mantas viejas al cubrirme con ellas por la noche después de haberlo dado todo en la disco-fiestón... He aprendido a encontrar felicidad en una ducha de vainilla y agua ardiendo con goteras de agua helada recorriéndome la espalda y techos que se caen a trozos a cada portazo que se me escapa, en el comer verdura y no echarme solo patata, si no también judía, en las conversaciones a dos (o a tres, o a cuatro, o a cinco…) debajo de un cielo LLENO de estrellas, Xibeca helada en mano, a menos 1000 bajo cero y cacareando en vez de hablar (porque las “tiritaciones” no permiten otra cosa), en las reuniones del viernes, justo después de las cuales viene la cervecita de despedida (que qué penita da).
No sé por cuanto mi sentimiento positivo hacia todo esto que me está pasando durará, pero alguien me dijo una vez que se tiene que vivir pensando en el presente, haciendo lo que se siente y dejar todo elemento sobrante (y seguramente punzante) a un lado, para disfrutar al máximo lo que te aporte tanto. Corren tiempos difíciles, en que Ilusión, Motivación y Alegría, según como, poco se dejan ver, así que yo me voy a quedar con todo esto, para coger fuerza y enfrentar lo malo que pueda venir, que nunca se sabe.


“Benvinguts al Comtat del Pou del Glaç. El rei Artur us ha parlat”. La Bisbal d’Empordà, Tevetrés, pa'servirlesencuerpoyalma.


Música a cargo de Neil Hannon y Yann Tiernes con Les Jours Tristes (nada más lejos de la realidad).

domingo, 31 de enero de 2010

Me voy....

... pero sin llegar a decir "adiós", pues me voy y vuelvo, y vuelvo y me voy.
Cojo aire, sonrío, lo intento, ¿lo consigo? Y vuelvo, para quedarme esta vez, os lo prometo.
Os quiero (a la mayoría de vosotros).

martes, 19 de enero de 2010

La cosa va de príncipes...


Hace poco me uní a uno de esos grupos del Santo Facebook (al que cada vez detesto más) que decía algo así como "Culpo a Disney de mis altas expectativas en cuanto a hombres". Y la verdad sea dicha, a todos nos hizo gracia cuando lo vimos, ¿sí o no? Pero, díganme una cosa, ¿es ésa la cruda realidad? Sinceramente, y para no variar, no me decantaré hacia si lo es o si no lo es. Pero, da que pensar.
El mayor porcentaje de mujeres (al menos las que conozco, que no son pocas), cuando somos pequeñas, soñamos con príncipes y princesas (y castillos y carrozas y caballos, pero eso no viene tanto al caso). Más tarde, al hacernos un poquito más mayores (la época de las Barbies, digamos), nos montamos historias en las que dos personajes (Barbie y Ken, o un Action Man del hermano mayor, en su defecto) se encuentran, se enamoran y se quedan juntos para siempre. ¡Y parece tan fácil! Y luego ya, cuando somos "edad-del-pavo-total", nos da por enamorarnos del primero que pasa y ver comedias románticas. Historias con un mismo patrón, normalmente: un principio bonito, un nudo un poco complicado y, cómo no, un final feliz. Claro, ¿qué vamos a esperar pues, si no, del mundo real, de los hombres? Un príncipe. Quizás no con caballo y sangre azul, pero si puede ser con coche y dinero, mejor que mejor. Alto, guapo, divertido y que, como es lo normal en los príncipes, nos trate como princesas. Pero, ¿con qué nos encontramos? Con hombres que no hablan claro, que esconden la cabeza bajo el ala o huyen a la mínima, que nos marean, que no saben lo que quieren, que están llenos de miedo y dudas, que se complican, o que, sin más, nos utilizan y al cansarse, se desvanecen (para posteriormente, reaparecer de la nada como si nada, valga la redundancia). ¡Ojo! No digo que siempre sea así. Hay también muchos hombres muy buenos, casi perfectos. Pero suelen estar escondidos, y, al parecer, no todas nos los merecemos.
El otro día hablábamos con mi hijita sobre lo complicado y feo que se está poniendo todo esto del amor y del maldito bastardo del príncipe azul. Y lo peor de todo es que la gran mayoría de nosotras acabamos enamoradas de la persona que más daño nos ha hecho (queriendo o sin querer). Y eso cuesta de curar... Obvio. Y a veces no cura. Obvio también.
Total, que la conclusión es que habrá que acabar casándose con hombres de plástico. Qué triste... ¿verdad?

martes, 12 de enero de 2010

Bicicleta para tres.

¿Quién dijo que tres son multitud? ¿Quién dijo que una bicicleta de uno, es solo para uno? ¿Quién dijo que una noche cualquiera no puede ser una gran noche? Nada es imposible cuando mi estrellita argentinolondinense aterriza en mi no muy adorada ciudad. Nada. Y eso es lo que hace que una noche como la de aquél viernes cualquiera me haga sonreír aún ahora, un mes después. Y por mucho tiempo será recordada, estoy segura. Almenos por mí. Porqué las cosas que me pasan con ella, mi princess, no me pasan con todo el mundo. No hacen falta muchas palabras, ni explicaciones. No hace falta mucha gente (ya lo he dicho, ¡éramos tres!), ni música excesivamente alta y de calidad. Solo hace falta una cámara de fotos y su sonrisa. Me sobra todo lo demás.
Y es que hay noches que pasan a la memoria y no sabemos porqué. Algunas veces es la música, otras la compañía. También puede ser por quién conoces por casualidad (¿Casualidad? ¡No! ¡Destino! Siempre) durante la velada, o por haberse reencontrado con ese "alguien". A veces por el conjunto de una serie de factores... Quién sabe.
Pero aquella noche... Aquella noche no tuvo nada de eso, y a su vez tuvo mucho más. ¿A qué me refiero? A que fue especial, distinta al resto de noches locas. A que no me preocupó nada. NA-DA. A que no pensé en otra cosa que no fuera esa música brasilera tan dulce y maravillosa, esas cervezas del "paki" tan frías, ese ir y venir por las calles tristes y grises del gótico, que parecieron pintarse de colores a cada carcajada que soltamos. A que fue todo como un sueño, de esos en los que puedes hacer todo lo que quieras porque no te va a pasar nada. Algo así. Aunque nos llevamos algún que otro cubo de agua fría des del cielo, de esos como los de las películas. Pero hasta eso va a pasar a la historia (un secreto: siempre que paso por el trozo de calle por el que mágicamente nos llovió, alzo la mirada y digo orgullosa "des ahí me tiraron el cubo de agua aquella noche de viernes cualquiera"). En resumen, las noches de "notengoganas", música en directo, cerveza, Geraldine y bicicletas para tres... son todo un placer.


En la foto, parte de nuestro tercer compañero y conductor de la bicicleta mágica[también en la foto], Óscar Aguar.

Nunca seré lo suficientemente buena para él.

Ahora ya lo sé.
Y, me guste o no, creo que aquí acaba una historia.

domingo, 10 de enero de 2010

Caminante no hay camino...

Y no, no lo hay para mí. Almenos de momento. Es curioso en realidad. Nacemos, crecemos y nos perdemos (Aunque no todos. Hay algunos afortunados que nacen con el camino señalado). Y entonces, ¿qué haces? Yo, personalmente, me he tirado mucho tiempo desesperada por encontrar mi lugar, mi media langosta, mi vocación, mi utilidad en el mundo... Mi camino. Y no ha servido de mucho, la verdad. Cuando pierdes el camino, el rumbo, el porqué de tu vida, desesperarse, sentirse mal, llorar y quejarse no sirve. Solo puedes esperar, con toda la paciencia del mundo y sin rechistar lo más mínimo. Sentarte en el cruce (o en la rotonda) y observar todo cuanto ocurre (eso que tanto adoro y que llamo incorrectamente adrede "un" señal). Porque existen. Lo sé. Yo he visto montones. Creo que es eso lo que nos marca el camino, sinceramente. Por pequeño e insignificante que pueda parecer a primera vista. Ahora, ¿qué pasa con la gente que no les da importancia, que no creen en "los" señales o no quieren verlos? Que siguen perdidos y no entienden porqué, y se quedan así para siempre, entorpeciendo los caminos de los demás.

Entiendo lo jodido que es perderse, y lo duro que es sentir que nunca vas a salir de ese cruce (o rotonda), pero son cosas de la vida, nunca mejor dicho, y hay que dejar que pasen.

Yo tengo ganas de comerme el mundo, de encontrarme, de encontrar todo lo que sé que me hará feliz, y tener una vida plena, llena de buenos recuerdos que hagan olvidar los malos momentos. Tengo ganas de gritar al mundo mi verdad, de hacer llorar y reír a la gente con mis creencias y mis pensamientos, con mis palabras. Tengo ganas de que la gente se sienta orgullosa de mí, de que me aplaudan. Tengo ganas de sentir que he dejado de ser prescindible, que hay gente que me quiere y que no me volverá a fallar. Tengo ganas de creerme mi futuro, verme en él y saber que he dejado de equivocarme. Y sé que todo esto lo conseguiré cuando, desde la eterna piedra en la que estoy sentada, un hada (del latín fata, y éste de fatum "destino") pizpireta y llena de purpurina dorada levante un dedo y me diga: "Maria, por ahí".
(En la foto, mi más risueña y vividora compañera de locura, Carla Quilabert. Moltíssimes gràcies per la foto i la seva pertinent inspiració)