jueves, 12 de agosto de 2010

Se busca.

Estoy perdida. Y ya hace tiempo que no me avergüenzo de reconocerlo, aunque me duela estarlo (que una cosa no quita a la otra). Me perdí en no sé qué parte del camino y no me encuentro. Ando, sin más, dando pasos con la fuerza que cojo de las pequeñas cosas que me mueven. Siento y padezco, tengo hambre y sueño, río y lloro y toda esa pesca, pero... no puedo mirar al futuro. Sé qué quiero (más o menos) pero no sé cómo llegar a ello, o no veo de dónde sacar las fuerzas, ni las herramientas necesarias.

Y dicen que cuando eres marinero a la deriva (como lo soy yo ahora), va bien tener un amor en cada puerto. No sé si es del todo cierto o no (no practico esa doctrina), pero sí sé que estos amores portuarios no pasan desapercibidos. Marcan, no se olvidan, e incluso, casi curan.

Afortunadamente, por uno de esos puertos que pasé, a un marinero en tierra encontré. Sentir que alguien te quiere, aunque no te lo diga, con simples detalles tan ocultos a ojos de lo demás que todavía los hace más importantes, aporta una sensación que no sé describir. Que cierre la ventana del coche cuando ve que tienes frío, que te coja fuerte y te susurre "traquila" cuando empieza a sonar una tormenta, que te compre tu bolsa de patatas favorita y te la deje encima de la cama cuando has tenido un mal día, que te compre una flor y la ponga en el coche de tal manera que al abrir tu puerta te caiga sobre las manos, que te mire al despertarse como si nunca antes hubiera visto algo mejor...


No obstante, hay personas que aún y estar así, han decidido quedarse a mi lado, y no saben hasta que punto les agradezco su compañía y su apoyo.














Se busca. Me busco... Recompensa: un millón$ de gracias.

miércoles, 11 de agosto de 2010

3:30


Vuelven a ser las tres y media de la madrugada y vuelvo a no entender cómo ha podido la noche correr tanto otra vez. El tiempo siempre pasa más rápido cuando estás siendo feliz, y ya se sabe: lo bueno, si breve, dos veces bueno. Aunque nunca he acabado de creerlo así.


No me esperaba para nada la experiencia que he vivido este julio pasado y no encuentro palabras para definirlo con justicia. Quizás... mágico, increíble, difícil, divertido, esperado, distinto, ¿perfecto? Nada lo es del todo, lo sé, pero reconozco que he tenido momentos en los que he pensado: "Por favor, Señor Cronos, párate en este instante durante un tiempo, porque es perfecto". Gran parte de la culpa la han tenido esas malditas tres treintas de la madrugada. Dios sabe porqué...


Aunque los niños... Los niños han puesto una guinda genial al pastel de lo que ha sido mi trabajo hasta ahora. Nunca imaginé vivir algo así con personitas a las que no conocía de nada, con las que tan solo he vivido unos días. Duermes con ellos, comes con ellos, juegas con ellos... Incluso lloras con ellos. Les das charlas morales (que no broncas, cuidado), les aconsejas, les escuchas. Les despiertas por las mañanas, les curas cuando tienen dolor. Son como tus hijitos, tu familia.


He pasado cerca de 30 días que no esperaba pasar, con sus más y con sus menos, con momentos de pena profunda y momentos de fabulosa felicidad. He reído, llorado, bostezado por dormir tantas pocas horas (¡ai, las dichosas 3:30...!). He soñado con salir de ahí y con volver para revivirlo. He querido echar a correr, he querido poder haber dicho y hecho más. He deseado rebobinar hacia adelante y rebobinar hacia atrás... He soñado con tener una última noche que no tuve, y decir las cosas que no sé si quería decir.


Vivir un mes así, por peliculero y romanticón que suene, por exagerado y poco creíble, te marca un trozo de tu interior. Yo, como siempre, me quedo con lo bueno "de tot plegat"...


[Juliol de 2010. Multiactivitats al Pou del Glaç. Bernat de Mogoda, individuals d'anglès, Purificación i Zurich. Gràcies.]