domingo, 26 de agosto de 2012

El amor que no mata, muere.

Vas a ser de esos amores que tendré que cerrar en una caja durante un tiempo para no quitarte de golpe. Coger fuerzas al cabo de unos meses (¡o años!), ¿olvidarte? y luego borrarte poco a poco.
 
Es doloroso darse cuenta que aquella frase que no sé donde leí que decía algo así como "el amor otorga a los demás la capacidad de destruirte" es totalmente cierta. Dueles más de lo que me imaginaba que ibas a doler. Ya casi no estás. Parece que ya no vuelves. Y ni siquiera sé que parte fue verdad y que parte palabrería.
 
Y el teléfono que no quiere sonar. Erre que erre. Ahora nos une poco más que una pulsera de hilo en el tobillo, cada uno en uno porque el uno sin el otro anda cojo.
 
Un amor apagado a la fuerza y un corazón que se prohibe recordar. Un par de últimas esperanzas. Daría todo lo que ahora soy, que es casi nada, para volver atrás y que todo sea distinto. O que sea exactamente lo mismo, pero con más consciencia para vivirlo y así, cada vez que quiera, recordar que una vez tuve un amor que, de tan amor que fue, casi me mata.
 
Despierta. Despierto. Tenía que ser un sueño...
 
Encuentra mis palabras y encontrarás mi amor por ti.

Definiendo.

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viernes, 10 de agosto de 2012

Corazón de la sierra.

Huyo, sí, pero no me escondo. Aire. Me falta. Llámalo respiro, llámalo viaje espiritual. No sé ya qué puede curarme. El recuerdo de algo que fue y ahora viene y va, mareándome, retorciendo mi dolor. Un algo que parece amor de alguien de quien me separo sin saber porqué. Súmalo. Me ahogo.

Sin saber qué hacer, sin saber qué decir. Nada. Por eso huyo. Aunque sé que eso no me justifica.

La cabeza se me deshace en hondas de dolor. El corazón ya no sabe si latir o pararse. Mi vida se me va de mi. Mi amor ya no me salva.

Huyo, sí, al corazón de todas las sierras. Dónde no llega nadie. Dónde nada me hace daño. Dónde espero poder volver a respirar. Dónde quiero que mi cabeza duerma y mi corazón vuelva a cantar.
Es mi última oportunidad.

Lo siento. No sé porqué pero lo siento. Lo siento todo.

lunes, 6 de agosto de 2012

Última llamada para los pasajeros con destino "El olvido".

No sé si tendré fuerzas para acabar de escribir lo que estoy empezando sin darme cuenta, pero sé que al menos tengo para empezarlo. A penas a media hora de escuchar tu último adiós por teléfono, mi cabeza está a punto de morir de dolor. Y mi corazón se apaga poco a poco.
Esto no tendría que estar pasando. Mis palabras ahora deberían ser lo contrario de lo que serán. Siempre con amor de por medio, por eso. Te quiero. Pensé que ya no, pero una vez más en mi vida, estaba equivocada. O quizás es el miedo feroz que siento dentro (y fuera) a no saber vivir sola. Estoy liada. Enredada, incluso. Como enredados estuvimos estos dos años "y pico".
No sabía ver el futuro sin que tú aparecieses en él. Ahora no me va a quedar otra. Te quiero. O quizás vuelve a ser el miedo.
Después de pensar que no podría querer a nadie nunca más, tus gestos, tus ojos, tus buenos días, tus abrazos, tus brazos, tu sonrisa, tus palabras, tus regalos, tus manos, todo tú me hiciste volver a hacerlo. Poco a poco, despacito, sin prisa pero sin pausa, volví a quedar presa en alguien, de ti. No me arrepiento de eso, aunque ahora mismo me esté quemando por dentro.
No te he dedicado muchas palabras, no me ha salido escribirte muchas cosas profundas, pero la verdad es que lo poco que he plasmado para contigo, ha sido de lo más sincero que ha salido jamás de mis dedos. Te quiero. O quizás es el miedo otra vez.
Vas a faltarme mucho. No creí que me faltarías. Tú ibas a ser el que se quedase a mi lado, para siempre, con mis más, con mis menos, y otra vez con mis más. Te vas. Te estás yendo. Dios... no me lo creo. Tú no te ibas a ir. Eras tú.  
Lo sabía. No tengo fuerzas. Me rompo. Ya no sé si te quiero.