domingo, 2 de diciembre de 2012

Domingos en los que no sabes qué pensar.

Hay que renovarse, en todas partes lees lo mismo. Si no, ya sabes que mueres, aunque no de un modo literal, gracias a Dios.
Se me juntan en la cabezota mía miles de ideas buenísimas, miles de aventuras y miles de recuerdos. ¿En qué acabo cayendo siempre? En el amor y el desamor. Pienso rotundamente que esto debe acabar, pero luego recuerdo consciente o inconscientemente lo bien que me hace sentir hablar del corazón y sus tonterías. Porque a veces son tonterías, no os creáis.
Hoy he sentido un poco de todo. Los domingos suelen ser días tontos en los que pasas por distintas fases que te hacen sentir peor o mejor. Ahora, a poco más de las ocho de la tarde, llega el momento de declive sin razón. "¿Porqué?", me pregunto a mi misma. "Por que eres tonta de remate", me acabo contestando. La cuestión más importante es "¿qué hago?", ¿me permito todo esto que me está pasando o mejor vuelvo a caer? La solución no la tendré ahora. Es algo que me pasa cada domingo. Aunque últimamente es domingo cuatro o cinco veces por semana. Dejaré, una vez más, que el agua ardiendo se lleve esta pesadumbre, este no-saber-qué-hacer. Tendrán que pasar unos cuantos años para que deje de sentirme así, que todavía todo es muy reciente, y cuando la cosa viene de dentro, cuesta mucho que se acabe yendo. Si es que se quiere ir.
 

Pasen un buen resto de domingo pesado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario